Punk architecture
& Social projects

El árbol – Sistema auto-suficiente

ATENCIÓN: ESTE PROYECTO ES FRUTO DE UN PROCESO COLABORATIVO ENTRE CTRL+Z Y LUCIANO FURCAS, CON LA COLABORACIÓN DE IRINI SFYRY. SE CONSTRUYÓ CON LA PARTICIPACIÓN DE MUCHOS VOLUNTARIOS. SE AGRADECE A LA HUERTA DEL REY MORO LA OPORTUNIDAD Y EL APOYO RECIBIDO Y A JAVIER NAVARRO EL SEGUIMIENTO FOTOGRÁFICO DEL MONTAJE.

Antecedentes

En Ctrl+Z siempre nos interesa implementar esquemas de trabajo que establezcan sinergias entre las necesidades de iniciativas ya activas a nivel local y las de avanzar en nuestra investigación pudiendo comprobar sus intuiciones y resultados realizando proyectos concretos. Para ello solemos incorporar y basarnos en los materiales descartados por los ciclos urbanos, como parte de la sostenibilidad ambiental y social de las actividades propuestas.

La idea de reutilizar lamas de persianas para construir un invernadero geodésico remonta al 2012 durante las investigaciones que llevaron al diseño de “La Casa de Marcello”.

El barrio de San Julián de Sevilla tiene la suerte de ser testigos y poder disfrutar del trabajo del permacultor Luciano Furcas. Junto a muchos voluntarios desarrolla iniciativas ecológicas en espacios como el “Colegio de Santa Marina” o la “Huerta del Rey Moro”, una huerta vecinal a pocos metros de nuestro estudio.

A lo largo de los últimos dos años se ha hablado en diferentes ocasiones de la oportunidad de construir una estructura geodésica permanente en la huerta para el desarrollo de actividades, planteamiento que por su trascendencia se está discutiendo en seno a la asamblea que la gestiona.
En el otoño de 2014 surgió en cambio la posibilidad de implementar una estructura efímera como semillero, idea que poco a poco se fue concretando en un invernadero geodésico de persianas a soporte del programa de huertas escolares que se desarrolla en este espacio.
Siendo una intervención liviana y temporal pudimos gestionar su construcción de forma más ágil y casi inmediata con Luciano.

Invernadero y persianas

Empezamos a familiarizarnos con las distintas tipologías presentes en el “mercado” de las persianas abandonadas en las calles de Sevilla. Al cabo de unos días habíamos encontrado un buen número de ellas, suficientes para completar la mitad de la estructura.
Aunque con estos primeros hallazgos no pudimos terminar la estructura, su presencia en la huerta facilitó la labor de búsqueda de las que nos faltaban.

En realidad pensamos, quizás de forma ingenua, de resolver el problema entrando en contacto con los “puntos limpios” de Lipasam (la empresa municipal de Limpieza Pública del Ayuntamiento de Sevilla), pero nos comunicaron que una vez entrados en su pertinencia los materiales no podrían salir.
De la misma forma contactamos con empresas instaladoras de persianas que en casi su totalidad nos comunicaron que la ley les impone llevar a los puntos limpios las persianas retiradas al instalar las nuevas.

De todas formas gracias a la creación de una eficaz red de amigos de la huerta o de Ctrl+Z que ctrl+z arquitectura trabajo colectivo rastreaban las calles en su recorridos cotidianos como “informadores” avisándonos de su presencia pudimos recuperar las persianas de lama ancha necesarias para terminal la estructura en apena una semana.

Zome

A la primera jornada de trabajo realizada el 10 de enero con la presencia de Catalina, Luciano y Arturo siguió una segunda el sábado siguiente en la que se terminó la estructura con la ayuda de más amigos como Nacho, Jaunito y Ciro.

Finalmente no se realizó una estructura geodésica sino un “Zome”, término acuñado por Steve Durkee en 1968 fusionando las palabras “zonohedron” y “dome”. Los zomes no se basan en un sistema esférico o elíptico sino que son volúmenes geométricos compuestos de facetas dispuestas en una doble espiral.

A pesar de eso, desde el punto de vista tecnológico consideramos este proyecto como una evolución y prosecución natural de los primeros experimentos sobre equipamiento urbano autoconstruido el sistema de “nudo axial de barra curva” para la realización de estructuras geodésicas, explorado en la estructura de hierro del Temazcal en México en 2010 y evolucionado con la de bamboo realizada en Brasil en 2013.

El montaje del zome fue rápido y sin incidencias permitiéndonos comprobar y demostrar que los patrones que habíamos creado durante y para la construcción de cúpulas geodésicas son viables y aplicables de forma directa e inmediata a configuraciones geométricas distintas.

Además el éxito de esta construcción demuestra una vez más, que un material reutilizado, incluso si no en perfectas condiciones, puede ser perfectamente adecuado para una nueva función, después de que haya cumplido con la anterior y antes de que acabe en la basura (esperamos realmente para reciclaje).

También se demuestra que estas estructuras no son tan complejas y que, si se investigan para ellas soluciones lowtech y enfocadas a la autoconstrucción, no se necesitan materiales específicos y altamente tecnológicos para su implementación.

Evolución de uso y concepto

Con el pasar del tiempo los responsables de las actividades de las huertas escolares habían manifestado sus dudas sobre la oportunidad de ocupar el área a su disposición con un espacio cerrado.
Al mismo tiempo la estructura de cañas presente en la huerta y que proveía sombra estaba dando signos de hundimiento así que antes que el proceso fuera más allá se decidió desmontar y reutilizar sus materiales. Las cañas se emplearon para la realización de los bancales de las huertas escolares mientras que las piedras y la madera fueron reutilizadas para la base de la nueva estructura.

A raíz de todos estos acontecimientos la idea de proporcionar al jardín urbano de un semillero en invernadero, se transformó. Luciano diseñó un ciclo cerrado de agua basado en la estructura y en distintas especies vegetales para configurar un sistema sostenible y sinérgico que incluirá también una torre de cosecha de agua y el compostaje.

La base

Durante el mes de febrero se construyó la base a partir de los materiales presentes en la huerta y en abril se equipó la superficie interior con unas jardineras verticales para plantar plantas trepadoras que cubrirán el zome proporcionando sombra. Éstas se construyeron reconfigurando cajas de prospección minera. El aceite necesario para su protección ha sido proporcionado por la cocina de un restaurante local que Luciano se ocupó de filtrar, perfumar y preparar para que fuera adecuado como protección para la madera.

La parte exterior se recubrió con rollos de carrizo también recuperados en la calle, estos contribuyen a la estética del conjunto y ofrecen a las plantas trepadoras el agarre necesario.

Una vez más pudimos contar con un grupo variado y cañero de voluntarios incluyendo JuanRa, Sara, Marta, Miguel, Catalina, Irini, Berta, Joso y Marcos.

Próximos objetivos

La actividad de investigación desarrollada junto a Luciano y a Irini nos permitirá ahora empezar a implementar el “atrapanieblas”, “el motor” que dotará de autosuficiencia al sistema.

La cercanía de la huerta nos ha permitido, y nos permitirá en futuro, un seguimiento constante y atento de la evolución del proyecto, adaptándolo a las nuevas exigencias y respondiendo a las diferentes situaciones que surgieron durante el proceso.
Seguiremos colaborando con Luciano y el equipo de “Rey Moro” para consolidar esta iniciativa y para transformarla en un equipamiento útil para este maravilloso “oasis urbano”.

En seguida se reporta un texto escrito en colaboración con Eirini Sfyri Triantafyllos y basados en sus conversaciones con Luciano Furcas:

Conceptos de diseño

El agua es un recurso limitado y los huertos urbanos suelen padecer falta de terreno al encontrarse comprimidos en la estructura densa de las ciudades. Por eso tanto para plantar como para conseguir el agua que un huerto requiere conviene considerar también la dimensión vertical.

Para plantar se puede crear una base estructural para que las plantas puedan subir y empezar desarrollarse hacia el aire, ocupando menos terreno. Para conseguir el agua nos podemos inspirar en la estructura de los árboles que como organismos no requieren un cuidado especial y ocupan poco espacio horizontal y más espacio vertical.

A partir de estos dos conceptos, se ha diseñado la cúpula como “un sistema” con la intención de añadir mecanismos que reproducen funciones parecidas a las de los árboles y así crear un sistema de autosuficiencia dentro de la huerta del rey moro.

El sistema árbol

El sistema de los árboles es un sistema natural y autosuficiente que con sus mecanismos participa en el ciclo de agua general y crea al mismo tiempo uno propio particular.

Participa primero absorbiendo el agua de la lluvia y transformándola en vapor a través de la transpiración de las hojas (1).

El segundo empieza con el rocío de la mañana. Al salir el sol calienta el suelo y la parte expuesta del árbol, dejando la parte inferior fría. El vapor al entrar en contacto con esa parte fría de las hojas, se condensa en gotas de agua que a través del tronco bajan hasta la tierra y así alimentan de nuevo las raíces (2).

Además las hojas que al final de su ciclo de vida caen al suelo se descomponen alimentando así la tierra y las raíces (3).

Participa primero absorbiendo el agua de la lluvia y transformándola en vapor a través de la transpiración de las hojas (1).

El segundo empieza con el rocío de la mañana. Al salir el sol calienta el suelo y la parte expuesta del árbol, dejando la parte inferior fría. El vapor al entrar en contacto con esa parte fría de las hojas, se condensa en gotas de agua que a través del tronco bajan hasta la tierra y así alimentan de nuevo las raíces (2).

Además las hojas que al final de su ciclo de vida caen al suelo se descomponen alimentando así la tierra y las raíces (3).

LA CUPULA

La estructura

La cúpula se construyó de materiales reutilizados y recuperados así como dicta la filosofía del huerto. La base formada de pallets y piedras (recuperadas de la estructura anterior) se recubrió con paneles de un prototipo universitario y la cúpula se ensambló a partir de persianas de plástico usadas (recuperadas en la calle).

En la parte interior de la base, se instaló una estructura de cajas de madera que se reconfiguraron y trataron de forma que pudiesen servir como maceteros.

Las plantas

Para intentar recrear un sistema autónomo y autosuficiente similar a lo de los árboles, se cubrirán la parte interior y exterior de la cúpula con “plantas vivaces”.
Las plantas vivaces son plantas herbáceas de crecimiento rápido. Con la llegada del invierno sus tallos y sus hojas se secan, pero sus raíces siguen vivas bajo tierra, volviendo a brotar en primavera.
Se empezará plantando capuchinas, para luego profundizar el estudio de las especies locales para elegir las más apropiadas.

Junto a ellas se apuesta por la aparición de “plantas espontáneas o oportunistas”, que aprovechando la humedad del sistema de la cúpula, se incorporan al sistema. Las plantas espontáneas, son plantas que surgen sin la ayuda, sin la voluntad o la mediación directa del ser humano y por eso crecen independientemente de él.
A menudo se consideran las plantas espontáneas como “malas”, en cambio tienen efectos beneficiosos, tales como atraer insectos polinizadores, conservar la biodiversidad, restaurar ecosistemas alterados, frenar la erosión, almacenar tóxicos, o incluso ser plantas comestibles y medicinales. En el caso de nuestro sistema, serán también las que conserven el funcionamiento del sistema durante los meses otoñales e invernales cuando las plantas vivaces se sequen.

Plantas trepadoras cubrirán toda la parte superior de la cúpula. De esta forma el sol, así como en un árbol, calentará la parte expuesta y el interior de la cúpula mantendrá una temperatura más baja.

El atrapaniebla

Finalmente, para que nuestro sistema sea auto-suficiente, se necesita que pueda conseguir autónomamente el agua necesaria para su funcionamiento. Para eso se implementará , en el interior de la cúpula, una estructura tipo “atrapanieblas”, es decir se instalará una malla Raschel, capaz de capturar el rocío de la mañana, la humedad del aire y el vapor producido por la transpiración de las plantas y transformarlos en gotas de agua a través de la condensación.

Las gotas, una vez formadas, empezarán a caer y acumularse en una fuente en el centro de la cúpula. En la parte baja del atrapanieblas, se utilizara otro tipo de tela, capaz de recoger tanto el agua del rocío, como el agua de la lluvia. La fuente estará siempre llena de agua y, a través de un sistema de distribución basado en geotextil, se regirán todas las plantas que participan en el sistema.
Como todos los sistemas se producirán unos excedentes como la humedad que no se transforma en agua que alimentará las plantas espontáneas, las hojas secas que caen en el suelo y crean una capa de mulch que mantiene la humedad del suelo y lo protegen, o el agua que sobra de la fuente, que se trasladará y almacenará a otro lugar exterior al sistema y servirá para el riego del resto del huerto.

El ser humano

Crear un mecanismo de autosuficiencia es un proceso lento, pero es un sistema que funciona por sí mismo sin la necesidad de “motores”. Nosotros haremos lo necesario para “criar” y “activar” todo el organismo para que luego funcione solo. Todos sus sistemas desarrollan funciones similares a las de los órganos en el cuerpo humano. Habrá humedad que con la diferencia de temperatura se condensa y el agua producida irá a alimentar la “digestión”.

Aunque sea un sistema auto-suficiente, el ser humano también formará parte de eso de forma natural. Al entrar y moverse dentro de la cúpula ayuda la circulación del aire y activa el sistema con su energía.

2018, El cierre de un ciclo

Durante sus años de vida numerosas plantas trepadora cuales buganvillas, jazmines y glicinias subieron por la estructura combinándolo con las hojas de palmera procedentes de la misma huerta favoreciendo, de esta forma, el mantenimiento de la humedad y del un frescor, aspecto muy importante en Sevilla.

Al final de la primavera del 2018 la estructura había sido dañada por desconocidos. Solicitados por los usuarios del huerto que apreciaban su presencia como elemento positivo para el mismo, se organizaron con ellos unas jornadas de mantenimiento para sustituir por completo los anillos inferiores de la misma y reforzar los superiores.

En septiembre del mismo año, se produjo una nueva acción destructiva. Se dañaron de forma irreparable los anillo de base recién sustituidos, y, sin ellos, la estructura se había inclinado peligrosamente sobre un lateral. Se decidió por ello arquitectura comunitaria taller participativo despejar la estructura, lo que no fue sin embargo tarea fácil.

A pesar de la situación en la que se encontraba, la porción de la estructura restante ofrecía mucha resistencia y no no fue posible destruirla, ni siquiera colgándose de ella. Probablemente ese escollo ha sido el factor que hizo desistir a los que trataron acabar con ella.

Fue necesario desmontar la estructura, barra a barra y tornillo a tornillo demostrando una vez más la robustez de una estructura basada en persianas usadas que asumieron, por cuatro años, una función estructural para la que jamás fueron pensadas.

La tornillería se ha guardado para darle nuevos usos en la huerta, e incluso si, en la comunidad del huerto, se presentarán en futuro las condiciones adecuadas, para volver a construir una nueva estructura, más sólida y bella si posible…

Una de las principales enseñanzas que podemos aprender de esta experiencia es sin embargo consecuencia de la observación de su evolución que se ha desarrollado en paralelo con la evolución de la comunidad que se desenvuelve a su alrededor. No es casualidad que su construcción y crecimiento hayan coincidido con la presencia de una comunidad en armonía, mientras que los daños aparecen paralelamente con los conflictos.

Eso no hace más que reforzar, una vez más, la idea que para la creación de proyectos resilientes no hay que fijarse sólo en los materiales, sino que también, y sobre todo, en las relaciones que estos proyectos puedan establecer con las comunidades que se apropiaron de ellos.

EN ES IT

Punk architecture & Social projects